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INGRESO LIBRE

martes, 31 de julio de 2007

Reflexiones: la canción

1. La canción, entendiéndola como entidad creativa unitaria -texto y música-, como materia prima de una identidad compositiva patentada en la producción de un artista es, y seguirá siendo -creo que por un buen tiempo-, la piedra angular de la industria musical, que en un mundo mejor -llámese (mientras tanto) primer- garantiza a sus autores, intérpretes, productores y distribuidores, un nivel de vida decente, cuando no holgado u opulento.

2. Las canciones superan el ámbito lógico de una explicación, desprecian la minucia técnica de una descripción y bostezan ante el análisis estructural de los doctos en métrica y armonía. Ese “algo más” -en boca de no poco autores entrevistados al respecto- excede al estudioso, y es lo que apasiona al fan, al escucha, al oyente, al melómano. Ese “algo más” encuentra su hábitat natural en un lugar impreciso de la anatomía del artista. Cabeza, alma y corazón se disputan el honor de alentar el mito de la inspiración, que al parecer es algo así como una epifanía, un despertar o una revelación.

3. La noción de inspiración -epifánica, efímera y animista según unos criterios; elaborada, iluminada y consciente, según otros-, parece dejar de lado la simple observación hecha a la pasada, y experimentada por cualquier aspirante a músico, de que el arte opera por repetición, o sea: “la práctica hace al maestro”. Esto es: estudio, constancia, pulsión obsesiva para alcanzar el estado creativo pleno. Esta es una forma elegante de confrontar aquella horrible teoría del sudor y los porcentajes.

4. Si hemos de aceptar que ciertos ángeles, espíritus o agentes de luz andan por ahí silbando al oído de los compositores, melodías bellas e inmortales, y asumimos también que el artista elige con qué se queda, qué desecha, qué desplaza de la obra que finalmente hace pública, habremos de inferir que no sólo existen entidades divinas consagradas a las grandes obras, sino que también pululan por ahí, digamos, el ángel de la cumbia y el duende del reggaeton; aunque habremos de reconocer que las inspiraciones de estos dos géneros musicales abundan en referencias mas bien terrenales, como el sustantivo femenino Coralí o el culo de las dominicanas.

5. Otra característica importante de la canción es su cualidad performática: una canción sucede en un tiempo y espacio, suena, se actúa, se pone en escena, es interpretada. Al ser ejecutada reiteradamente o presionar play, modifica su entorno las veces que sus tonos se repitan en el aire, siempre que encuentre audiencia, ya sea voluntaria o forzosa, no olvidemos que “lo que existe y no se percibe, bien podría no existir” (Alejandro Dolina); y si a esto sumamos las múltiples versiones posibles de un mismo tema musical tenemos que una canción nace y vive cada vez que es ejecutada o interpretada.

6. La obra final, entonces, sigue caminos distintos (“mysterious ways”): estamos ante la iluminación por descarte, por negación, por eliminación. “No sé que quiero pero se lo que no quiero”, canta Calamaro, desde el fondo de la Alta Suciedad, en un callejón negro y rojo, anti Say No More. “No saben la cantidad de mierda que tengo que escribir para encontrar algo bueno”, proclama Iggy Pop, y le creemos.

7. Atendamos a la reflexión de los cubanos Yissel Arce Padrón y Ania Rodríguez Alonso, acerca de la actualidad de las artes plásticas: “La vocación transgresora inherente al arte, lo ha llevado históricamente a transitar por terrenos vedados, prohibidos y prácticamente inaccesibles desde otras zonas de la creación humana. Los artistas, apremiados por la necesidad de innovación, han subvertido los cánones que cada época impone a su paso. Estas constantes rupturas han conducido en el plano formal a la desmaterialización de la obra plástica, pero una expansión de igual magnitud ha ocurrido a nivel temático. Ya desplazada la atención de requerimientos puramente esteticistas, los creadores vuelven su mirada hacia aquellos problemas que lo afectan como ser social, como ente individual. Para muchos de ellos, la obra de arte deja de ser un espacio sublimado, ajeno a las presiones cotidianas; esta se instituye en un ensayo donde se discursa en torno a los condicionantes -de tipo sexual, étnico, racial, político, cultural, etc,- que rigen la vida del hombre.”

8. Bien, no?

9. Ahora llevemos estas ideas de vuelta al terreno de la creación musical. Y nos daremos de narices contra el eterno dilema de la “canción comprometida”, de la canción con “mensaje y/o contenido”, versus la canción opa, comercial, mueveculos, facilista, que por una vez (¡horror!), se alinea con la canción rock, que se subdivide (a partir de concepciones a vuelo de pájaro) en canción hedonista, sexista y sexy, y canción sublimada, en difícil, literaria, elitista. El meollo de la cuestión parece yacer en la relación de la obra y el artista con la realidad. Así que mientras unos parecen estar absolutamente comprometidos con los procesos históricos, políticos, sociales culturales (y por qué no) económicos (para saber cómo usar el discurso en beneficio de sus arcas), los otros parecen persistir en una labor evasiva, acaso de negación de la realidad, (muévelo, muévelo, ¡cómo lo hace!) y en otros casos confinándose a la Torre de Marfil del arte puro, sensible, surreal.

10. Ahora bien ¿Cuál es la realidad? ¿La de CNN y Unitel? ¿La de las telenovelas emitidas inmediatamente después? ¿La prosperidad del rocker que farrea o la miseria del que le provee chelas, tanto en Las Cholas como en la fiesta rave a la que irá a parar, cuatro horas y ochenta y cinco pesos después? ¿La del Canal 7, donde el primer mandatario indígena de la vida entrega tractores e inaugura escuelitas todos, pero todos los días? ¿Nuestras casas, donde nuestros padres crían a nuestros hijos, mientras nosotros hacemos nuestras tesis durante ocho años, sin perdernos la entrada universitaria ni porsiaca? ¿La de Loukass rompiendo taquilla otra vez? ¿Cuál, oh! Lord, es la realidad?

11. Uno de los postulados más importantes del Postmodernismo acerca del arte, es que la originalidad ya fue (ellos lo dicen más bonito, pero la idea es esa). Es decir, el paradigma de originalidad (innovación, vanguardia, identidad) que rompía la cabeza de los artistas modernos (o sea hasta los años setenta más o menos en Europa y aquí hasta anteayer) y los puso a hacer auténticas huevadas en pos de mostrar lo nunca antes visto, se disolvió en amables autoreferencias, pastiches, collages, intertextos y plagios lisos y llanos.

12. Los medios, los intelectuales, las revistas, los escritores de la Rolling Stone, etc. fueron llamando sucesiva y aleatoriamente a estos nuevos engendros: rock, pop, art-decó, vietnam, punk, mariovargasllosa, grunge, realismo mágico, lambada, gore, post-punk, boysbands, emo, indie, mob, rave, reggaetón, buenavistasocialclub, hip hop alteño.

13. No deja de llamar la atención que lo alternativo, lo rebelde, lo indie, lo raro, cada tanto, se asimile al sistema y vaya dictando las tendencias de consumo de la música y sus subproductos (i-pods, ropa, piercings, etc).

14. ¿Y qué pasa cuando lo alternativo es popular? ¿Cuál es el pueblo?

15. Existe un preconcepto implícito, que parece yacer en el fondo de la cabeza del público y los productores de espectáculos locales, que identifica a lo popular con lo vulgar, lo repetitivo, lo simple. Haciendo de la mediocridad la media, y enterrando los pies en el vicio del facilismo, acaudillados por sus famosos y prósperos fabricantes de jingles y plagiarios profesionales.

16. El discurso que uno advierte en los exponentes de la comunidad artística, pretende una identidad propia a partir de la diferencia y la oposición, o sea “no ser iguales a” e “ir en contra de”. A estas alturas la originalidad is dead, así que este paradigma deberá -creo yo- ceder paso a la premisa de autenticidad, como garantía de honestidad, coherencia y consistencia estética, más allá del discurso anti o prosistema.

17. En Bolivia la condición de alternativo, independiente o underground, le resta peso a la propuesta, relegándola a un plano secundario. Ojo que no ponemos en tela de juicio el trabajo de gente que aspira a la popularidad hablando códigos que no le son comunes sino a sectores minoritarios, aun dentro de la gente que le dedica un poco de su tiempo a la música; sino que el asumirse o postularse como “raro”, te hace un chiste para pocos, un marginal, un loser, para la percepción colectiva del público.

18. Me pregunto que pasará cuando los cultores y creadores de esa “otra música” se cansen de agotar arcas propias y familiares para tener un producto decente en un mercado cada vez más pequeño, por amarrete y perezoso.

19. ¿Recuerdan aquella arenga que solían traer los discos viejos, que rezaba “Disco es Cultura”? Pues, ahora parece tener sin cuidado a nadie. Me parece que la frase encierra un criterio acertado: toda manifestación popular es cultura y ésta va nutriéndose, de las diferentes propuestas de los artistas, que responden a su tiempo y espacio desde su propia visión creativa, y condicionados por su entorno inmediato (y mediato) social, económico, político y cultural (Chenk’o total), amén de los gustos personales y el nivel de formación e información del público. Es decir el rock, el rap, la electrónica, no son menos bolivianos que cualquier género musical tradicional. O por lo menos lo son tanto como la cumbia que todo el mundo baila chocho con la mano derecha así.

20. Si la “otra” música que se produce en este país no encuentra espacio de difusión, y aun salvando este escollo, no halla el feedback necesario, el eco en un público aletargado y ovejuno, que asocia la música con una gratificación inmediata y efímera; estamos jodidos.

21. Estas reflexiones no buscaban respuestas, pero pucha que hemos ido lejos. Hay demasiada tela que cortar. Al parecer lo único en que vamos a poder ponernos de acuerdo es en que Marilin Manson tiene la culpa. Hasta la próxima.

2 comentarios:

Buen-a-venturas dijo...

Dijiste Artaud y yo sabía. Decís Dolina, postmodernismo y arte, "la originalidad ya fue", alternativo/popular, realidad, modernismo (aún nos habita o lo habitamos aún?.. nimporta), Mendieta, Inodoro, y... también sé.
Me gustaría poder aprender algo más de lo que he aprendido de vos en algunas chupas.
Este juego de pensamientos que hiciste sobre la canción me conmovió, yo no sé mucho de música, a mi me pasa que la música , sólo la siento y ya, si me conmueve, me gusta, sino, no me sirve.
En tu caso, habiendo escuchado canciones tuyas... Decís epifanía, animista, revelación / estudio, constancia, pulsión compulsiva, estado creativo pleno... y no sólo entiendo, sino que pienso en algunas duplas de la historia: Verlaine y Rimbaud / Baudelaire y Mallarmé / Sand (la Dupin) y Musset.... (que para mi es música igual,de palabras , pero música al final); y al hacerlo siento en mi aún el latido vivo del modernismo... quizá es una resistencia personal... quizá como bien decías vos, teníamos el modernismo hasta anteayer. En fin, me extendí un montón, quizá debía escribirte un mail...jaja pero ya me da flojera hacer el COPY/PASTE. Un abrazo, che.

Sergrito dijo...

Tendría muchas cosas que comentar, ojalá algunas las hablemos un buen día, pero hay algo que me parece de mucha lucidez, el asunto no está en diferenciarse por hacer lo opuesto al otro, o hacer cualquier huevada para ser diferente, sino en ser auténtico, hacer música que te nace, hablar de lo que sientes, sea eso completamente trascedental o más efímero que un bostezo, sea "comprometido" o cotidiano; el fin del arte es conmover, no sólo entretener, pero eso no quiere decir que hacer arte que entretiene es una pelotudez, lo que es una aberración, es hacer lo que crees que la gente busca o espera, quizá algunos lo logren, pero esa me parece la mayor traición, porque es a uno mismo. También es buena tu pregunta: qué pasa con el feedback?, no sé che; el equi recién reabrió y el viernes eramos 40 giles... un abrazo