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INGRESO LIBRE

lunes, 7 de julio de 2008

WISH YOU WERE HERE... (SYD BARRETT 1946 - 2006)


(Este artículo se publicó en Fondo Negro de La Prensa, en julio de 2006, poco después de la muerte de Syd Barrett, el 7 de julio en Cambridge, UK)



Se nos está haciendo una costumbre. Sólo hablamos de la gente cuando ya no está. Esta mórbida manera de acercarnos a los artistas es menos vecina de la perversión que de la fatalidad. Y, lo peor en este caso, no se puede evitar pensar que, de a poco, hay que ir haciendo tripa para despedir a toda una generación de pioneros en el rock, que ahora rondan los sesenta años. La meteórica fama que aguarda a los rockstars apenas fallecen, acaso el último de los “excesos”, que la opinión pública privilegia como noticia, es una prueba de una cultura de lo inmediato, que rinde tributo a la muerte, y la convierte en el medio preferido para acceder a la vida y obra de las estrellas apagadas.



La muerte de Syd Barrett fue repentina, pero a la vez no tomó a nadie por sorpresa. Ése es el destino de los fantasmas: tarde o temprano se desvanecen. Y la reclusión y confinamiento de Barrett, desde hace más de 30 años, en su casa en Cambridge, donde fue la sombra del brillante compositor de los 60, no podían terminar bien. Las miserias de una larga enfermedad y los demonios de la depresión y la insanía mental no sólo nos privaron de uno de los genios más fascinantes y originales de la historia del rock —que tuvo esporádicos y espaciados destellos de luz, documentados en contados discos como solista en las últimas tres décadas—, sino que le robaron, al artista, la posibilidad de ser consciente de su propio aporte a los fundamentales Pink Floyd, y a la cultura rock en su conjunto.



Si alguna vez escucharon The Piper at the Gates Dawn, el debut de Pink Floyd, allá por el 66, ahí tienen el testimonio y el germen más claro de la estética Barrett. Si no lo hicieron, vayan, corran, cómprenlo, róbenlo, pídanlo prestado, o quémenselo, hay tiempo, mientras estas palabras chorrean por el papel, como el ácido lisérgico por la corteza cerebral del joven Barrett, que no supo asimilar la mucha fama, la mucha plata, la mucha droga que circuló en el entorno musical británico de fines de los 60, y lo sedujo hasta la adicción, a tiempo que desencadenaba en él rasgos de una personalidad esquizoide, que lo aisló de un mundo que había ayudado a transformar con su lírica oscura e irónica, y su música inquietante y trasgresora.



The Piper... es la muestra de que psicodelia y beat, rock y pop, absurdo y rebeldía, pueden convivir. Y fue la cúspide del liderazgo e influencia del cantante y guitarrista en Pink Floyd donde, luego de su aislamiento, Waters, Wright y Mason asumieron el reto y fueron capaces de tomar la posta por los siguientes 25 años, desarrollando el rock más fabuloso y grandilocuente del que se tiene noticia hasta ahora.



En tan sólo tres años la labor de Barrett en el interior de la banda fue de más a menos. Su carismática espontaneidad y creatividad, en que radicaban su fuerza y encanto, dieron paso a un estado de permanente catatonia escénica, que le impedía siquiera ejecutar su instrumento. Ante ese comportamiento errático e imprevisible, la banda optó por reemplazar al —acaso— fundador de la estética junkie, en tanto actitud y discurso, por el brillante violero David Gilmour.



Y al parecer ahí terminó todo. Quizás la agonía (¿cómo puede, si no, definirse el estado prácticamente de vegetación depresiva en que se sumió todos estos años?), desde su internación, a finales de los 60, fue demasiado larga, pero no por ello menos dolorosa para sus seguidores y sus antiguos compañeros de banda, que le dedicaron dos de sus más grandes canciones: "Wish you Were Here" y "Shine on Your Crazy Diamond", y colaboraron con él en The Madcap Laughs, Barrett... uno de sus pocos trabajos discográficos como solista. Después de pasar sus últimos años retirado y solitario en su casa, aquejado por la diabetes y refugiado en su hermana, la pintura y la jardinería, cerró los ojos el domingo 7 de julio, para brillar por siempre en su loco diamante.



3 comentarios:

lagarradelcorazon dijo...

navegando llegue hasta aqui,,muy buena pagina..
saludos

www.lagarradelcorazon.blogspot.com

Anónimo dijo...

Saludos Vadik, tus poemas en el etno me sorprendieron gratamente, a ver si subes algunos a tu blog.

Claudia

Mían... dijo...

Bueno... sobre Syd Barrett y Pink Floyd no puedo comentar mucho... como que me eduqué escuchando de adolescente-niñato-pseudoartista-etc-etc Tool, A perfect Circle, Deftones, Mars Volta, Bjork, Lucybell, y algunos videítos que veía en Axesso (slogan: más R..., más B..., jajaja)y toda la gran monada de esos tiempos, me confieso... y para después estrellarme en king crimson, algunos progreros, el brit-pop... vaya..., creo que comencé a deshilar el ovillo desde otro punto.


Saludos a su respetable Blog y su persona...